Nick Lowe (Greenspace, 15 noviembre 2008)

La primera visita a Valencia de Nick Lowe, uno de los pioneros de la new wave que sucedió al llameante punk del 77 (amén de una de las personalidades más atractivas que ha dado la música británica en los últimos treinta años), pasará a la pequeña historia del rock en la ciudad por altísima calidad del recital y por la especial atmósfera, como de concierto privado en el salón de casa, en que se desarrolló. Lowe, un tipo inteligente y trabajador, un corredor de fondo siempre bien rodeado y siempre con buenos consejos para ofrecer, se plantó en un Greenspace de aspecto desangelado con la única compañía de su guitarra acústica, sus canciones y una bien engrasada banda heredera de la mejor tradición rockabilly y country.

Y es que este elegantísimo crooner, conocido de sobra gracias a su trabajo como productor de Elvis Costello, Dr Feelgood o Ian Dury, ha desarrollado en los últimos años una carrera anclada en la reivindicación de la música americana de raíces, así como de diversos estilos que se encuentran en las antípodas del furioso pub-rock de su etapa en Brinsley Schwartz o de sus primeros discos en solitario. El Nick Lowe casi sexagenario de este 2008 ha recorrido un camino que tiene parada en géneros clásicos, desde los que pasa revista, de manera magistral, a toda una vida de extraordinarias canciones.

Canciones que, incluso desnudas de todo ornamento instrumental, saben a gloria. Este magnífico sonido (increíble teniendo el Greenspace como escenario) será la principal premisa de la noche. Lowe aparece con unos minutos de retraso sobre la hora prevista y comienza, sin más dilación, a desgranar los temas clásicos, amor y más amor, que aparecen en sus textos, guitarra en mano. Suenan People Change, Soulful Wind, What's shaking on the Hill y una emocionante Heart antes de que el británico pida ayuda a su banda, habilidad y brillantina, para adentrarse en los universos del rock de los 50, bien aprendido de ese inmejorable maestro llamado Johnny Cash. Lowe se muestra, desde el comienzo, comunicativo con su escasa audiencia (en torno a doscientos espectadores). Tras un tímido arranque en castellano elogia a la ciudad y promete un repaso por "viejas y nuevas canciones". "Algunas os sonarán, quizá un poco diferentes. Esperemos que os gusten las que no conocéis". La excusa perfecta para hacer sonar, junto a piezas de sus mejores trabajos, recientes composiciones incluidas en el magnífico At my age (2007).

Ya con la compañía de su grupo sobre las tablas Lowe, comodísimo, comienza a trasladar al público la electricidad rockabilly, combinada sabiamente con baladas de corte sureño. Without Love, Lately I've let things slide, Has she got a friend?, I trained her to love me e Indian Queens son temas cortos que no desentonarían en un disco de la última etapa de Neil Young. Tras una divertida puyita a George Bush, Lowe alcanza el primer momento mágico de la noche con la interpretación de Cruel to be kind, uno de sus clásicos (que en España adaptó, con discutible acierto, el ex-Operación Triunfo Naim Thomas). A partir de ese momento los aplausos se multiplican. Lowe sigue combinando emoción con música saltarina: You Inspire Me, Long-Limbed Girl, Hope for Us All, I live on the battlefield, Rome wasn't built in a day y la genial I knew the bride. Y la guinda la pone una versión sosegada de su What's so funny about peace, love and understanding?, el tema que hizo famoso en el mundo entero Elvis Costello y que Bill Murray berreaba sin piedad en Lost in Translation. Cuando los últimos ecos de la canción se apagan la ovación es unánime. Lowe y su banda se despiden y toman el camino del camerino.

Pero una noche tan mágica no puede acabar aquí. Lo sabe Lowe y lo saben sus seguidores, que aplauden a rabiar la vuelta del cantautor al escenario. Solo. Suenan los acordes de Heart of the city, la que fuera una de las primeras referencias del legendario sello Stiff Records. Más tarde, con la ayuda del pianista Geraint Watkins, ofrecerá un precioso dueto interpretando Only a Rose. Y, de nuevo arropado por su banda, pasará revista a otro de sus temas talismán, When I write the book, compuesto durante los años dorados de Rockpile y también interpretado por Costello. Y acto seguido Lowe vuelve a desaparecer, mientras los gritos que llegan desde la platea le piden que toque alguna canción más.

Dicho y hecho. Habrá tiempo para un segundo bis, esta vez sin banda de apoyo. A solas, como empezó el recital, Lowe se gana al público con una versión de Seven Nights to Rock (de Innis, Trail y Glover), que también suele tocar Springsteen. Y como colofón, con un silencio pasmoso como fondo, el cantautor interpreta de manera sobrecogedora The beast in me, el gran tema que aportó para la resurrección musical, vía Rick Rubin y American Recordings, de su ex suegro Johnny Cash. Son tres minutos de crudeza rotos por la ruidosa ovación, esta vez definitiva, con la que despedimos a una leyenda de ojos azules y pelo blanquísimo en cuya cara se dibuja una luminosa sonrisa. Y que nos ha demostrado, una vez más, que la música es una de las cosas más maravillosas de este mundo.

2 comentarios:

Marta Diez dijo...

Por lo que cuentas parece que Nick Lowe ofreció un concierto muy intenso; pero no sé si está a la altura de la previa del concierto tan chanante que vivimos.

Un beso.

Un rincón apartado dijo...

La previa sí que fue espectacular, sí.

Besos

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