
Reproduzcan mentalmente la imagen del veterano corredor de fondo. Cuando nació José Luis López Vázquez, Francisco Ayala encaraba su adolescencia, seguramente con el optimismo y el entusiasmo exacerbados que nos permiten esos años. Vivió en plena juventud el desarrollo y la caída de la Dictadura de Primo de Rivera y participó en 1931 de la ilusión colectiva que supuso la proclamación de la Segunda República. Más tarde, con su futuro acomodado como funcionario, llegarían la guerra y los exilios. El dolor del fusilamiento de personas queridas. La confirmación del don literario y de la pasión ensayística. La jubilación. E, instalado ya en la tercera edad, el retorno permanente a España. Los necesarios reconocimientos. El cálido y unánime aplauso del centenario. Y la muerte callada una mañana de noviembre.
Poco a poco se apagan las luces encendidas antes de la España bélica. Conmemoramos ahora el décimo aniversario de la muerte de otro superviviente, coetáneo de Ayala, Rafael Alberti. En este lapso de tiempo han fallecido decenas de intelectuales, de aspirantes a la inmortalidad, que participaron directamente del conflicto y salieron de él, con más o menos heridas físicas o morales, para contarnos cómo era la España previa a Franco. Como era aquella gran esperanza perdida de la que participaron muchos de ellos y que culminó con cuarenta años de oscuridad y ausencia de libertades. Memoria. Memoria que custodió Ayala durante diez décadas y que, gracias a sus textos y su afán documentalista, no se ha perdido entre las brumas del urgente hoy.
El corredor de fondo ha llegado por fin a la meta. Descanse en paz.
Foto: El País
UN RINCÓN APARTADO es una publicación
2 comentarios:
Descanse en paz. Y nosotros, mientras, a tomar miel y whisky.
Joer, esta semana vamos de obituario en obituario. Tal vez sea la metáfora de una etapa que se acaba.
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